A pesar de que la URSS iba en caída y fue disuelta en 1991, su influencia permaneció. En 1990, 8 jugadores soviéticos fueron traídos, entre ellos, por primera vez, el nuevo Campeón Mundial Garry Kaspárov.
Su preparación había sido pobre porque tenía que ayudar a su familia para costear su vuelo desde Bakú, pero el entusiasmo por conquistar el territorio que hasta entonces había pertenecido a Kárpov y llevarse la jugosa bolsa de $30 000, lo impulsarían a ganar la octava edición del Linares, la cual se disputó del 18 de febrero al 3 de marzo.
A Boris Spassky, tras haber hecho molestar a Rentero en su última participación, se le concedió jugar siempre que no hiciese tablas rápidas, exhausto por el desgaste del torneo rogó a Rentero levantar tal imposición. La prohibición de las tablas rápidas se convertiría en una política de los próximos torneos de Linares.